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<journal-title specific-use="original" xml:lang="en">Revista del Museo de La Plata</journal-title>
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<subject>Artículos</subject>
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<article-title xml:lang="es">Recorridos de la arqueología del NOA en tiempo, espacio y perspectivas: seis investigaciones, seis miradas</article-title>
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<institution content-type="orgname">División Arqueología, Museo de La
Plata, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata</institution>
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<title>Resumen</title>
<p>Las últimas décadas de la
arqueología del Noroeste argentino han estado atravesadas por sucesivas
construcciones y deconstrucciones que han tenido lugar tanto en el plano de la
ciencia, como de la sociedad y la política –entendida esta última como el
terreno de disputa de los campos ideológicos–. En estos términos, la práctica
cotidiana de nuestra disciplina refleja muy bien la dialéctica entre estos
universos de significación, de la misma manera que contribuye con cada paso, a
performarun modelo de pensamiento y acción del que pretenderíamos formar parte.
Tal vez, la vulnerabilidad que muestra el espacio científico contemporáneo nos
hace más conscientes de cuan dependiente puede ser éste de las realidades que
se definen en el terreno político y social, nacional e internacional</p>
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<title>Palabras clave</title>
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<bold>Arqueologia</bold>
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<kwd>Noroeste Argentino</kwd>
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<title>Recorridos de la arqueología del NOA en
tiempo, espacio y perspectivas: seis investigaciones, seis miradas</title>
<p>En este marco, cabe preguntarnos
por los significados profundos de una disciplina que se nutre del campo de las
ideas, con la expectativa de contribuir a la construcción de una parte
trascendental de toda sociedad: su pasado. Este planteo no es menor en un
contexto donde las ciencias sociales y humanas tienen que revalidar
constantemente su utilidad en un esquema desarrollista y mercantilista. Sobre
la base de esta legitimación se definen no pocas cosas: su posicionamiento en
el campo científico y lo que es fundamental, las circunstancias materiales que
garantizarán esta condición primera. Formación de profesionales y
financiamiento son dos circunstancias fundamentales que descansan en las
posibilidades que debería proveer el Estado moderno.</p>
<p>Esta noción de pasado no
es autónoma en relación con las posibilidades del presente, fundamentalmente
porque hoy nadie discute acerca de los vínculos entre uno y otro. Memoria,
identidad y territorialidad resuenan en los discursos desde donde se legitiman
los derechos de los pueblos y desde los cuales es posible la construcción de
proyectos inclusivos, sensibilizados con los intereses de la comunidad en su
conjunto. En otros términos, los modelos de pasado que se construyen desde
posicionamientos científicos no ingenuos, repercuten en las condiciones
sociales y políticas del presente, y también del futuro. Basta recordar cómo la
pretendida neutralidad que se ha arrogado la ciencia durante siglos fue
hábilmente utilizada en el diseño de las cartografías del poder mundial que
poco favorecieron a los pueblos americanos.</p>
<p>De esta forma, los
discursos acerca del pasado tienen un gran poder que trasciende el plano de la
disciplina académica. Demostrar que los pueblos tienen una profunda raíz
histórica nos permite empezar a entender los procesos desde otro lugar. De
alguna manera, se ha naturalizado la idea de que gran parte de nuestra
identidad se funda sobre la base de la población europea bajada de los barcos,
lo cual no es discutible, pero es sólo una parte de la historia. Las
configuraciones sociales que resultaron de aquellos procesos de
desestructuración han operado incorporando lo propio y lo ajeno, de manera que
nuestra experiencia presente comprende ambos. De esta forma, ese pasado que
estudiamos no nos es del todo extraño y ajeno</p>
<p>La prerrogativa sobre la
construcción de la historia, sin incluir otros
discursos, ha exacerbado la desconfianza de quienes, en defensa de su
identidad, miran con recelo lo que la academia puede contar acerca del pasado.
Es así como pueden aparecer como contrapuestos los relatos en tercera persona,
pretendidamente neutros, con aquellos que reclaman el derecho a relatar la
historia en primera persona. El pasado se transforma, entonces, en un
territorio en disputa, en el que la exclusión parecería representar una de las
estrategias más efectivas</p>
<p>Estas revisiones acerca
de la legitimidad del discurso científico para atribuirse la potestad sobre la
historia han sido puestas en la agenda de quienes investigamos el Noroeste
argentino. El reclamo de los pueblos originarios ha obligado a repensar
posiciones al interior de la disciplina, así como el vínculo de la disciplina
con el otro. Acostumbrados a que
aquel, por su condición de “extinto”, no tenía el poder de interpelarnos
directamente, hoy interactuar y trabajar con un otro presente, con calidad de
sujeto y no ya de objeto, es cuanto menos, desafiante</p>
<p>No obstante, y esperando
no pecar de un optimismo ingenuo, el camino hacia posiciones inclusivas parece
despejarse de a poco. Quienes (con justicia) reclaman sus derechos sobre el
pasado y quienes (con compromiso) pretenden/mos participar de su construcción,
debemos impulsar puntos de diálogo y acuerdo. Uno de los trabajos que se
exponen en este volumen pone en diálogo ambas posiciones. Bárbara Manasse hace
un repaso por la arqueología del valle de Tafí, articulando el conocimiento
generado desde la disciplina científica con el terreno de la acción política.
Se introducen en la discusión actores centrales como las comunidades indígenas
y los propios pobladores del Valle en una línea argumental que pone el eje en
la ocupación ancestral de estos territorios y la vinculación entre el pasado y
el presente de los pueblos que lo habitan</p>
<p>Diluyendolas fronteras
disciplinares que ubican a la arqueología en un tiempo pasado, el trabajo
posiciona a la ciencia como una herramienta del presente que permite revisar la
historia. Una observación detallada de más de 20 años de investigaciones en el
Valle permite reconstruir esa parte de la historia que va desde las primeras
evidencias de ocupación hasta los momentos posteriores a la presencia española,
y aún más, la participación de los habitantes en eventos de la historia
reciente</p>
<p>El andamiaje político de
la propuesta se hace ostensible al poner este relato en diálogo con la
configuración del territorio y las disputas que se sucedieron en relación a él.
La vigencia de estos procesos, iniciados tras la configuración del Estado
argentino, adquiere un nuevo componente cuando a los sectores de poder
concentrado, se suma el apoyo de la justicia. Hacia el final del artículo, la
autora relata de qué manera los comuneros y habitantes de Tafí llevan adelante
el reclamo por sus tierras en un contexto de desigualdad y creciente pérdida de
los derechos obtenidos</p>
<p>Estos posicionamientos
acerca del lugar de la disciplina en un contexto de fuertes demandas por parte
de la sociedad también han interpelado a las instituciones tradicionales, que
necesariamente han debido repensarse en un contexto de profundo cambio. Tal vez
una de las políticas más visibles fue la llevada adelante en relación con los
restos humanos al sacarlos de exposición, primero, y atender los reclamos de
restitución por parte de las comunidades de origen. En muchos museos del
Noroeste argentino sigue siendo un tema controversial que fundamentalmente ha
disparado la reflexión en torno al pasado. Otra, igualmente importante, tiene
que ver con la ponderación de los museos como articuladores de las diferentes
visiones sobre el pasado y su rol activo en relación a las configuraciones
identitarias. En este sentido, la ruptura con el estatismo ha llevado a
reflexionar acerca de la forma en que se
lo visibiliza en las vitrinas. Esto se ha visto influido, también, por las
revisiones en materia identitaria, articulando pasado y presente a partir de
las dimensiones de la memoria. Esto podría entenderse como una <italic>humanización</italic> de la historia, no porque
la historia no fuera humana, sino porque durante mucho tiempo quedó relegada a
meros eventos y objetos</p>
<p>En sintonía con estas
propuestas, el trabajo de Tarragó y Calvo nos introduce en la forma en que los
museos de antropología se presentan frente al público y gestionan sus muestras
en función del momento histórico y de la perspectiva teórica y política. Si
bien el foco principal del debate y la reflexión es el Museo Etnográfico de
Buenos Aires –que contiene una gran cantidad de piezas procedentes del Noroeste
argentino–, y en menor medida el Arqueológico de Cachi, se ofrece una
evaluación de los museos de antropología en general. En el trabajo se parte de
la base de una crítica al rol de los museos “tradicionales”, en los cuales los
visitantes eran considerados actores secundarios y pasivos contempladores del
acervo patrimonial de las colecciones</p>
<p>Las autoras reivindican
la importancia histórica de determinados contextos sociales y políticos que
privilegiaron el diseño de muestras en las que el museo estimula el diálogo con
sus visitantes. Desde sus propias experiencias de gestión, describen la forma
en que, a pesar de las limitaciones presupuestarias, el Museo Etnográfico de
Buenos Aires cambió durante las últimas décadas su rol de protector y custodio
del patrimonio, por otro en el que los visitantes se convierten en objeto y
actores centrales de la experiencia museográfica. Destacan, por un lado, la
necesidad de jerarquizar y privilegiar las áreas educativas y pedagógicas de
los museos como espacios esenciales y, por otro, la importancia de romper con
la dicotomía entre el pasado y el presente. De esta manera, ponen un énfasis
especial en el rol de estas instituciones como ámbitos de articulación
significativa entre el presente etnográfico y el pasado histórico y
arqueológico, en tanto espacio de convivencia entre perspectivas diversas</p>
<p>Las últimas décadas de la
arqueología del NOA han reflejado con entusiasmo la ruptura de las clásicas
dicotomías, hasta entonces incuestionadas. No sólo el binomio pasado/presente
al que venimos haciendo referencia, sino aún más, otras que se vinculan con la
proyección de la propia episteme occidental en la aprehensión de un otro.
Traspasando estos límites, han surgido interpretaciones que promueven la idea
de que los objetos contienen agencia y la misma naturaleza se expone
personificada, como reflejo de una ontología que confronta con las lógicas que
se desprenden de la racionalidad moderna. Los objetos depositados en las
vitrinas de los museos o los menhires que se reproducen en el paisaje de Tafí
han sabido contener y transmitir, para los pueblos prehispánicos, un poder que
sobrepasa el mundo de nuestra realidad física y material. Los rituales a la
Pachamama que atraviesan cada valle y cada cerro, por ejemplo, son testigosaún
hoy de cómo el mundo de los símbolos y el lenguaje dejan de ser una condición
exclusivamente humana</p>
<p>Desde momentos muy
tempranos hasta la ocupación española de América, tal vez uno de aspectos más
convocantes para dar cuenta de una naturaleza agenciada tiene que ver con las
piedras. Lejos de representar sólo una entidad física, es posible asumir que
les cabe intencionalidad o una suerte de espíritu, en muchos casos con un poder
que aventaja el de los humanos. Identificar estos nuevos agentes y su potestad
ha sido central para comprender distintos aspectos de las sociedades andinas
pasadas, por ejemplo, la organización de los espacios. Otro de los trabajos que
forma parte del dossier ilustra de manera muy clara y argumentada, estas nuevas
perspectivas. La larga trayectoria de investigaciones en la Puna argentina le
permite a Albeck transportarnos al emblemático sitio de Casabindo. La autora
pone en escena la relación entre las wakas locales y los esquemas cosmológicos
incaicos, abordando de este modo, un aspecto que ha sido central en las
investigaciones de las últimas décadas y que ha pasado por los más diversos encuadres
teóricos. El interés por la relación entre las poblaciones locales y la
política estatal ha permitido ubicar al primero, no como un actor pasivo, sino
como un protagonista central en los procesos sociales y políticos que
acaecieron sobre la etapa prehispánica final. Retomando la idea de cómo la
organización de los espacios parece desprenderse de una relación no
instrumentalista con el mundo físico, el trabajo presenta evidencia sobre las
conexiones entre un espacio ceremonial y bloques rocosos orientados en torno a
los puntos cardinales. Por ejemplo, desde la zona del montículo de la Loma Alta
es posible trazar líneas imaginarias en dirección a los cuatro puntos, lo que
representaría un resabio de la antigua organización de cequesinkaica</p>
<p>La presentación describe,
además, otros cinco poblados prehispánicos, su articulación en el tiempo y el
espacio y la abundante evidencia de agricultura, regadío y cría de camélidos a
través de lo cual reconstruir el paisaje puneño. En sintonía con los planteos
de Manasse, aquí también se apela a rescatar el vínculo entre los pueblos
prehispánicos y las poblaciones contemporáneas de este sector de la puna. A
partir de la síntesis de numerosos trabajos sobre los antiguos apellidos
nativos y por evidencia genética, se busca rastrear la herencia actual de
aquellos antiguos ancestros. Muchos descendientes siguen poblando el Casabindo
de hoy pero otros se han dispersado, sorprendentemente, por todo el territorio
argentino en diferentes proporciones. Esto demuestra una vez más la antigua
raíz nativa de la población y el fenómeno fundamental de las migraciones
internas. En este sentido, la profundidad de la ocupación prehispánica ha sido
de interés para los esquemas de producción de conocimiento pero también para
los movimientos indígenas</p>
<p>La posibilidad de
disponer de contextos que posibiliten un análisis diacrónico prolongado con el
cual trabajar la persistencia en el vínculo de las poblaciones con el
territorio, no siempre resulta fácil de hallar. Tal vez como parte de un vicio
moderno, se tiende a hacer hincapié sobre los puntos de ruptura más que sobre
los aspectos de continuidad. Atender a lo segundo nos permite dialogar con la
noción de<italic> territorialidad</italic>. En esta
dirección se orienta el trabajo de Ratto, Aranda y Luna. Los análisis
paleopatológicos realizados sobre tres individuos recuperados en contextos de
rescate arqueológico en la región de Tinogasta (Catamarca), dan cuenta de un
vínculo sostenido en el tiempo, entre los sujetos y el lugar que habitan. Los
estudios se enfocan en tres individuos: uno que probablemente vivió en el
momento de transición de los cazadores recolectores hacia el cultivo de
alimentos (LP III, 924-812 a.C.), otro en el período Formativo (LP I, 842-881
d.C.) y el último en los momentos finales de los Desarrollos Regionales casi en
contacto con los Inkas (LP II, 1.226-1.296 d.C.). Los resultados obtenidos
indican características nutricionales similares que pueden explicarse a partir
de las particularidades del ambiente en el que se encontraron los restos</p>
<p>Otro de los aspectos
enfocados en el trabajo se relaciona con el vínculo con la muerte. Llama la
atención la tumba preparada con grandes rocas clavadas en el suelo que rodean
al individuo más antiguo. Otra piedra de forma particular sirve de apoyo para
su cabeza. Este sería el único ajuar. El segundo contiene un puco gris y una
figurina femenina. El último, en cambio, está enterrado con un abundante ajuar
que incluía varias herramientas asociadas con la práctica textil, vasijas de
tipo Belén, un cuchillo lítico y una manopla de bronce. Finalmente, el tercer
elemento que es importante destacar en relación a la propuesta de Rattoet al.tiene que ver con la importancia
de un horizonte interdisciplinario para abordar los principales desafíos
interpretativos y metodológicos de la disciplina</p>
<p>En relación a lo
anterior, un concepto muy explorado para el Período de Desarrollos Regionales
con el que se relaciona el último de los contextos referido por los autores,
tiene que ver con la idea de desigualdad. En las últimas décadas se ha podido
repensar esta condición social desde el punto de vista conceptual pero también
en vínculo con la evidencia material que le da sustento. Así, la idea de
conflicto aparece como un resorte necesario para comprender la desigualdad en
las sociedades del Período de Desarrollos Regionales. La idea de un universo
agenciado aparece como un capital consubstancial de la heterogeneidad, sea
entre entidades humanas y no humanas, entre esquemas de interés o de acción, o
entre formas de organización social o política. El abordaje de estos aspectos
proporciona estructura y contenido social a lo que otrora se comprendía
simplemente en términos de guerra o enfrentamiento. El trabajo de Williams nos
propone una mirada acerca del conflicto durante estos momentos en el sector
medio del Valle Calchaquí, poniendo el acento en los emergentes de este
proceso</p>
<p>Los más de veinte años de
investigaciones en el área le permiten a la autora disponer de un sólido corpus
de datos con los cuales caracterizar las sociedades del segundo milenio
prehispánico y los primeros momentos posteriores. Dos ejes centrales atraviesan
sus planteos. Por un lado, la caracterización de fenómenos sociales como el
conflicto inter e intragrupal, la integración económica entre el fondo de valle
y las quebradas altas y medias, y la intensificación de los procesos
productivos. Sobre esta base se trabajan las hipótesis acerca dela
beligerancia, proporcionando no sólo un marco causal sino también una
explicación de la forma en que acontecieron las relaciones sociales. Por otro
lado, se puntualiza sobre la vinculación entre las dinámicas locales y la
presencia inkaica, que la autora desmenuza a través de diferentes vías de
análisis como la arquitectura, la disposición espacial, el registro rupestre y
los estudios cerámicos</p>
<p>A partir de 25 sitios
habitacionales, entre los cuales se cuentan 9 instalaciones correspondientes a
una arquitectura de pucará, situados temporalmente entre el Período de
Desarrollos Regionales y los primeros momentos de la Colonia, la autora y su
equipo han podido reconstruir un segmento importante de la historia del Valle,
así como integrarlo a procesos más amplios y complejos que acontecieron en la
esfera regional</p>
<p>Finalmente, y para cerrar
un acotado recorte acerca de la gran diversidad de problemáticas y
posicionamientos que atraviesan la arqueología del NOA, nos pareció oportuno
dedicar un espacio a las rupturas y su poder edificador en los esquemas de
conocimiento acerca del pasado. En sintonía con el creciente desencanto de los
dogmas de la modernidad y la seducción por el universo contestatario de lo
post, la disciplina también ha generado importantes quiebres necesarios para
repensar/nos como sujetos sociales. Estas rupturas han estado presentes
reiteradamente en los recorridos que hemos venido haciendo en esta
presentación. El pasado de Yutopián parece invitarnos de manera aún más
evidente a estas transgresiones</p>
<p>Apelando a un antiguo
mito chiriguano, que no es ni más ni menos que el reconocido relato americano ampliamente
extendido de “la rebelión de las cosas” en el Popol Vuh maya, o las vasijas
escénicas moche donde los objetos creados por los humanos se vuelven contra sus
creadores, Scattolín utiliza la metáfora para introducir un clima de <italic>subversión.</italic> El título mismo del trabajo
propone –reforzado luego en una oración final que subvierte el orden del
binomio dicotómico occidental sujeto/objeto– a sublevarse a lo conocido y,
podríamos decir, anquilosado de nuestras interpretaciones sobre la cartografía
de las primeras aldeas de este período Formativo con el cual trabaja</p>
<p>Varios conceptos
tradicionales son cuestionados en su propuesta, que refleja más de 20 años de
investigaciones en el valle de Santa María. Una de ellas es la noción de que
los sitios construidos en la altura de los cerros, de difícil acceso y alejados
de los campos agrícolas, son sitios defensivos tardíos. La segunda disrupción
se vincula con la premisa de que la cerámica de estilos Candelaria y Tafí
pertenece a la región oriental, con escasa ocurrencia en los valles
Occidentales. El tercero tiene que ver con el modelo de crecimiento por fisión
y replicación para las aldeas formativas. Todo esto encuentra su excepción en
Yutopián. A través de abundante evidencia, la autora pone en cuestión y discute
con los principios que se consolidaron en torno a la arqueología del primer
milenio</p>
<p>El conjunto de los
trabajos aquí presentados son una muestra cabal de la multiplicidad de
problemas y enfoques que dominan la arqueología del Noroeste argentino. Aportan
desde diferentes lugares a una manera de hacer arqueología comprometida con un
pasado que tiende puentes con el presente y refleja un vínculo profundo con las
demandas de las comunidades actuales. Cuando esto no es explícito, son los
datos y las interpretaciones de los mismos trabajos las que se articulan en un
esquema complejo de saberes yrelaciones sociales, útiles para una multiplicidad
de agentes. El porvenir de la arqueología requiere tomar posición respecto de
problemas actuales que se nutren del pasado y del sentido político de la
arqueología, ya sea como formas de construir discursos sociales o como apoyo a
los numerosos reclamos de las minorías. Este dossier pretende un pequeño aporte
en esa dirección</p>
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<title>Referencias</title>
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<mixed-citation>Paéz, M.C &amp; M, Giovannetti (2019) ''Recorridos de la arqueología del NOA en
tiempo, espacio y perspectivas: seis investigaciones, seis miradas'', <italic>Revista del Museo de la Plata</italic> 4(1), pp. 63-68. https;//doi.org/10.24215/25456377e069</mixed-citation>
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