Iconografía de élite en la Baja Nubia. Un felino grabado en cerámica del Grupo A hallada en Aksha

Autores/as

  • Marcelo Campagno Universidad de Buenos Aires, Argentina
  • Sebastián Francisco Maydana Universidad de Buenos Aires, Argentina y University of Liverpool, Reino Unido

DOI:

https://doi.org/10.24215/25456377e237

Palabras clave:

Alto Egipto, Baja Nubia, Enterramientos, Iconografía Zoomorfa, Serra Oeste

Resumen

Entre los artefactos recuperados por la Misión Franco-Argentina a Aksha (Serra Oeste, Baja Nubia, 1961-1963) y hoy conservados en el Museo de La Plata, existe una serie de vasijas halladas en contextos funerarios locales pero originalmente importadas de Egipto. Estas corresponden a enterramientos del llamado Grupo A (3800-2900 a.C.), que engloba una serie de comunidades nubias contemporáneas a los procesos de surgimiento y expansión estatal en el valle del Nilo. A pesar de constituir importantes testimonios de prácticas sociales de aquel momento, el corpus de cerámica del Grupo A de Aksha ha permanecido poco estudiado hasta la fecha. En esta oportunidad nos concentramos en una vasija importada de gran tamaño que presenta decoración pintada y un interesante grabado zoomorfo. Con el objetivo de contextualizar este artefacto dentro del momento histórico en que fue creado y utilizado, determinamos de qué animal se trata, cuál es su proveniencia y de cuándo data su decoración. Los resultados nos permiten obtener información valiosa acerca de las dinámicas sociopolíticas locales en la zona de Aksha y la Baja Nubia en general a finales del IV milenio a.C.

Introducción

Entre 1961 y 1963, un equipo argentino participó de la Campaña Internacional para el Rescate de los Monumentos de Nubia, gestionada por la UNESCO. La construcción de la represa de Asuán, con la consiguiente inundación de una amplia porción del valle del Nilo a la altura del moderno límite entre Sudán y Egipto, amenazaba con destruir decenas de sitios arqueológicos de gran importancia. El Museo de La Plata alberga, desde 1967, cerca de trescientos artefactos provenientes de las excavaciones franco-argentinas en Sudán.

Los materiales arqueológicos de Aksha constituyen la única colección egipcia en Argentina obtenida por excavaciones propias y no a través del mercado de antigüedades. Dichos materiales abarcan varios períodos distintos de la historia de Nubia, desde el Paleolítico hasta la época cristiana, que recién comenzó en Nubia en el s. VI. Sin embargo, no todos estos períodos fueron investigados con el mismo nivel de detalle. El equipo argentino, liderado por Abraham Rosenvasser, estaba interesado, sobre todo, en el templo de Ramsés II (Reino Nuevo egipcio, ca. 1250 a.C.), mientras que la parte francesa se preocupó principalmente por la basílica de época cristiana construida en el s. VIII d.C. y reconstruida en el s. X d.C. [1](de Contenson, 1966) y por el cementerio de época meroítica [2](Vila, 1967). Sin embargo, la concesión otorgada por el gobierno de Sudán y por la UNESCO, que originalmente abarcaba un área de 8 km², contenía otros sitios que también fueron excavados:

La licencia para excavar Aksha comprendía fundamentalmente las ruinas del templo de Ramsés II (siglo XIII a.C.), pero su ámbito incluía también algunos cementerios y asientos prehistóricos. La Misión obtuvo asimismo una licencia especial para excavar una tumba en Bedier, varios km al norte de Aksha, y un grupo de cementerios en Serra, población ubicada al sur, en la proximidad de Aksha. [3]

(Rosenvasser, 1964a, p. 483)

Distintos factores determinaron que la cultura material de aquellos períodos más tempranos permanezca al día de la fecha prácticamente inédita, salvo por la publicación del material cerámico [4,5](Fuscaldo, 1998; 2010) y algunas menciones más bien marginales en los reportes de excavación [6,7](Vercoutter, 1963, pp. 137-138; Rosenvasser, 1964b, pp. 99-100). A pesar de ello, un examen de este material, y particularmente el asignado al llamado Grupo A, que se desarrolló al mismo tiempo que los procesos de diferenciación social y expansión territorial que llevaron a la emergencia del Estado en el valle del Nilo [8](Gatto, 2006, p. 66), resulta de gran interés para estudiar este importante período de la historia del norte de África. Tal interés surge de ciertas particularidades del corpus del Museo de La Plata, que contiene una serie de vasijas halladas en contextos funerarios locales, pero originalmente producidas en Egipto. Algunas piezas de tal cerámica importada fueron decoradas en Nubia, antes de pasar a formar parte de ajuares funerarios que, en algunos casos, destacan por su riqueza. Como veremos más adelante, la iconografía de estos artefactos también apunta a que eran objetos de gran significado social. Todo esto permite pensar en la existencia de prácticas asociadas al consumo de élites, lo que a su vez impone la necesidad de un estudio sistemático del material.

En este trabajo nos concentraremos tan sólo en uno de los objetos nubios del Grupo A (Figure 1, MLP-Ar-70080) que reviste un interés particular por su gran tamaño y por estar decorado con motivos pintados y un grabado zoomorfo (Figure 2, [5]Fuscaldo, 2010, p. 49). Nuestro objetivo es ubicar la pieza en su contexto, señalando las relaciones de poder y las asimetrías sociales que se expresan en su utilización como objeto de prestigio. Para ello, discutiremos tres cuestiones sucesivas: qué animal se evoca en el grabado zoomorfo; cuál fue el contexto de producción de la cerámica; y de cuándo data la decoración. Las conclusiones apuntan a la presencia en el área de Aksha a fines del IV milenio a.C. de una élite local con proyección regional y a la necesidad de expandir el análisis aquí realizado a todos los enterramientos y cementerios del Grupo A en la concesión de Aksha.

Figura 1.
Vasija MLP-Ar-70080 proveniente del Cementerio ACS de Aksha. Fotografía de Rocío Torino.
Figura 2.
Motivo zoomorfo en la vasija MLP-Ar-70080. Fotografía de Belén Daizo.

La vasija MLP-Ar-70080

La tercera y última campaña de la Misión Franco-argentina a Aksha finalizó en febrero de 1963 [3](Rosenvasser, 1964a, p. 483). Luego se realizó un reparto de las piezas recuperadas, que fueron distribuidas en tres partes: una de ellas fue alojada en el Museo de Jartún en Sudán; la segunda fue recibida por el Institut de Papyrologie et d'Égyptologie de Lille, Francia [9](Geus, 1994), siendo posteriormente transferida al Palais des Beaux-Arts de la misma ciudad; y la tercera fue enviada al Museo de La Plata, en Argentina. Todo lo que no fue “rescatado” se dejó in situ, por lo que yace desde hace sesenta años en el fondo del Lago Nasser.

Al final de la segunda campaña, Jean Vercoutter, el director de la parte francesa de la Misión, señalaba en un reporte que “by the end of the 1961 campaign, most of the archaeological and historical data which could be reasonably expected from the Aksha excavations have now been collected (...) the most important matter outstanding is the A-Group cemetery ACS[6](Vercoutter, 1963, p. 139). El Cementerio ACS, que contenía enterramientos tanto del llamado Grupo A (ca. 3500-2900 a.C.) como del Grupo C (ca. 2300-1800 a.C.), se ubicaba al sur del poblado de Serra Oeste y, según los reportes internos, sus enterramientos fueron hallados intactos en una gran proporción. Es de destacar que, aunque en los reportes provisorios que enviaba la Misión a las autoridades sudanesas se menciona el trabajo de André Vila en los cementerios de los Grupos A y C (Academia Argentina de Letras, Caja Ar-AAL-22), cuando Rosenvasser detalló las excavaciones de la tercera campaña (diciembre de 1962-febrero de 1963) tal trabajo no fue consignado, describiendo apenas los hallazgos en el Templo y otras construcciones ramésidas [7](Rosenvasser, 1964b, p. 96). Incluso el arqueólogo William Y. Adams, en su recuento de las excavaciones en Nubia durante la campaña de la UNESCO, sólo destaca con respecto a la Misión Franco-argentina los trabajos en el “Pharaonic Temple [and] Christian Town[10]. Tal situación probablemente contribuyó al hecho de que la evidencia histórica de Aksha en tiempos del Grupo A pasara prácticamente inadvertida por la comunidad científica durante décadas.

En el Museo de La Plata se conservan más de 200 recipientes cerámicos, 68 de los cuales fueron hallados en los cementerios AA (del Grupo A) y ACS [5](Fuscaldo, 2010, p. 24). La mayoría de la cerámica encontrada en Aksha fue fabricada localmente, aunque una minoría (n=12) fue importada de Egipto en tiempos antiguos. La vasija 70080, actualmente en exposición en la Sala Egipcia del Museo, llama la atención por su gran tamaño y su decoración, que incluye tanto motivos pintados como un grabado figurativo zoomorfo. Fue hallada en la tumba IX del Cementerio ACS, el 6 o el 7 de enero de 1962, junto con otros veintidós objetos, lo cual convierte a esta tumba en la más rica del cementerio. Cuatro vasijas cerámicas enterradas en la tumba IX contenían decoración zoomorfa, incluyendo a la 70080. Esta última, como ya se ha mencionado, es de considerable tamaño: 60 cm de alto por 44 cm en su parte más ancha, por lo que es el recipiente con mayor capacidad de todo el cementerio ACS.

Perla Fuscaldo [5](2010, pp. 48-49) realiza un análisis morfológico exhaustivo del artefacto. La decoración es de dos tipos: por un lado, presenta una serie de líneas onduladas cortas en grupos de tres líneas paralelas, pintadas de color marrón oscuro [5](Fuscaldo, 2010, p. 49 reporta que son rojas). Éstas cubren buena parte de la superficie de la vasija desde la boca hasta la mitad del cuerpo. Por otro lado, se registra “an incised geometric potmark on the lip and a panther[5](Fuscaldo, 2010, p. 49). Sobre esta marca gráfica mencionada nos gustaría establecer una serie de hechos.

Es importante señalar que, con respecto al concepto de “potmark”, utilizado por Fuscaldo siguiendo una larga tradición iniciada con Firth [11](1912), preferimos la categoría más apropiada de “marca gráfica”, propuesta y utilizada por el historiador del arte James Elkins [12](1995). Para él, estas imágenes son un medio de expresión en sí mismo, no reducible a una mera representación o a la forma gráfica de un texto [12](Elkins, 1995, p. 825). Además, las marcas gráficas no tienen límites claros ya que se funden con el objeto mismo en el que están inscritas, de modo que su significado sólo se puede entender en relación con ese objeto. Por ello no pueden ser estudiadas por separado. Finalmente, Elkins señala la “inestabilidad ontológica” [12](1995, p. 841) de las marcas gráficas, es decir, que no significan constantemente lo mismo a través del tiempo y en todos los contextos. Para nosotros, las prácticas sociales se materializan en los objetos que estudiamos [13,14](Cf. Ingold, 2012; Stockhammer, 2016), y en ese sentido nuestro trabajo pretende desentrañar los contextos de producción, apropiación y uso de la vasija 70080. Como señala Richard Bussmann, “meaning does not reside in objects but is ascribed to them through practice[15].

Identificación del animal representado

La marca zoomorfa en la vasija 70080 tiene claros paralelos en la iconografía del Grupo A nubio y del Predinástico tardío egipcio. Cecil M. Firth reportó algunos ejemplos de marcas gráficas zoomorfas en vasijas del período halladas en Nubia que resultan bastante cercanos, tanto en el estilo como en la posición dentro del artefacto [11](Firth, 1912, p. 7, fig. 1; p. 115, fig. 77; p. 145, fig. 129; 1915, p. 66, fig. 39). La más interesante de ellas es una vasija hallada en el cementerio 78 de Mediq (Gerf Hussein), que contiene un elefante del mismo estilo que el felino de Aksha (Figure 3, [11]Firth, 1912, p. 7, fig. 1), que omite cerrar el contorno en la base de las patas. Hay que destacar que, si bien todos los ejemplos mencionados presentan marcas gráficas de gran tamaño, ubicadas en la parte más ancha de la mitad superior del objeto, facilitando su identificación a distancia, ninguna de ellas presenta iconografía felina. En cambio, sí son comunes los felinos en la iconografía egipcia del mismo período [16-18](Petrie & Quibell, 1896, pl. LI.7; Ayrton y Loat, 1911, pl. XXVI.3; Cf. Adams & Jaeschke, 1984).

Figura 3.
Recipiente con marca gráfica zoomorfa. Tomado de Firth, 1912, p. 7, fig. 1.

En cuanto a la identificación del animal, lo primero que hay que decir es que, en la taxonomía actual, no existe una especie animal llamada “pantera”, sino que este nombre suele evocar al leopardo (Panthera pardus), animal conocido en Egipto desde épocas muy tempranas [19](Jousse, 2017, p. 177). El leopardo es fácilmente reconocible por sus manchas, y se ha señalado que su utilización en la iconografía egipcia es altamente simbólica ya que este animal “porte à la perfectionl’improbablesymbiose de la grâce et de la force[20](Vernus & Yoyotte, 2005, p. 178). Por su tamaño y forma, es frecuentemente confundido con el guepardo o chita (Acinonyxjubatus), animal veloz y de hábitos diurnos que, a pesar de ser muy parecido al leopardo, pertenece a otro género. El guepardo no es feroz como los panterinos (el leopardo, el tigre y el león) e incluso es fácilmente domesticable, lo cual lo ha convertido en los últimos años en una mascota de lujo [21,22](Tricorache et al., 2017; Spee et al., 2019).

Este último rasgo de su etología hace que en Egipto el guepardo sea comúnmente representado con la cabeza erguida, lo que marca claramente su carácter inofensivo [23], mientras que las representaciones canónicas de leopardos presentan la cabeza en línea con el lomo [20](Vernus y Yoyotte, 2005, p. 178). Ciertamente, el felino de la vasija analizada parece compartir esta última característica. Otro rasgo que aparece comúnmente asociado a representaciones de panterinos son los cuartos traseros más altos que los delanteros, algo que el felino de Aksha también respeta [24](Cf. Capart, 1904, p. 89). Más adelante veremos otros paralelos tanto de Egipto como de Nubia.

Nos gustaría señalar, además, que el hallazgo más cercano al Nilo de restos óseos de guepardo en el período Predinástico se produjo en Kenia, cerca del Lago Victoria [19,25](Marean, 1992, p. 78; Jousse, 2017, p. 169), muy lejos de la Baja Nubia. Si bien Yeakel et al. [26](2014, p. 14473) ubican a esta especie en Egipto a partir del V milenio a.C., la fuente que citan para esto es la dudosa identificación de Osborn y Osbornová de algunos petroglifos en los que realmente no se distingue el género del animal [27](1998, p. 122). En cambio, existen registros óseos de leopardos en el Desierto Oriental de Egipto [28](Vermeersch et al., 1994) e incluso en el valle, en enterramientos de Hieracómpolis [29](Van Neer et al., 2013). Es decir, tanto el análisis iconográfico como el registro material del período apuntan a que podría tratarse de un leopardo.

Mencionábamos previamente que la forma de las patas es reveladora, ya que el artista nunca cerró el contorno del animal. Esto podría sugerir una imitación del arte rupestre, en el que la elaboración de trazos horizontales resulta más difícil que la de trazos verticales. También podría tomarse como un intento de representar las cuatro patas, como es común ver en otros petroglifos de la zona [30](Cf. Hellström & Langballe, 1970). Curiosamente, Hellström & Langballe no registraron ninguna figuración de felinos. Aun así, la morfología es uno de los elementos más importantes que emparentan a esta figura con el arte rupestre de la zona.

Proveniencia de la cerámica

En su análisis de 2010, Fuscaldo señala que el material con el que la vasija fue elaborada corresponde a la categoría IV A de Hans-Åke Nordström (1972)[31] y se describe en el Sistema de Viena como “marga A1” [32](Nordström & Bourriau, 1993, p. 176). Este material, mucho más fino que el de la cerámica de la Baja Nubia contemporánea, era propio del Alto Egipto. En el caso de la producción local de la Baja Nubia, la materia prima más común es la arcilla limosa (silt) mezclada con distintos elementos orgánicos o minerales, mientras que la cerámica del Alto Egipto se producía en aquella época con una marga más fina (marlclay), de color blancuzco debido a la presencia de caliza. Las diferencias en el material se pueden ver a simple vista, no solo en la coloración, sino también en la aspereza de la superficie y en el sonido que producen al ser golpeadas. Es decir que, tanto por la morfología como por el material con el cual fue confeccionada, podemos acordar con Fuscaldo [5](2010) en que la vasija MLP-Ar-70080 fue fabricada en el Alto Egipto e importada con posterioridad a la Baja Nubia.

El contenido original de la vasija es igualmente revelador. Según Fuscaldo, éstas habían sido utilizadas para transportar vino a Nubia, agregando que “thevessels preserve insidemarks of theliquid[5](2010, p. 28, n. 29). Sin embargo, un análisis paleobotánico recientemente realizado sobre muestras de Aksha revela la presencia de fitolitos asociados principalmente a la familia Poaceae, que “reflejan un aporte vegetal dominado por gramíneas” así como de un morfotipo globular equinado asignable a Arecaceae (palmeras), relacionable tanto a los frutos (dátiles) como a las hojas de tales plantas [33](Colobig, 2025). De hecho, es más probable que la vasija contuviera originalmente cerveza importada de Egipto, con independencia de su presencia o ausencia una vez que la vasija fuera dispuesta en el contexto funerario. En este sentido, estudios realizados en el área de producción de cerveza de la Localidad HK11C de Hieracómpolis han demostrado que los egipcios incluían dátiles en su cerveza desde épocas tempranas [34](Farag et al., 2019). Los autores señalan además que HK11C fue hacia 3200 a.C. un polo de producción de cerveza en gran cantidad y con fines de distribución fuera del propio sitio, por lo que podría pensarse que parte de esa producción se hubiera dirigido al consumo de las élites nubias.

Origen de la marca gráfica

Existen razones sólidas para suponer que la marca grabada del felino fue realizada no sólo después de la cocción de la vasija sino localmente en la Baja Nubia. La primera es el tamaño de las marcas gráficas, que son típicamente mucho mayores en Nubia que en Egipto (Julia Budka, comunicación personal). La segunda es el surco dejado por el instrumento, que a simple vista está realizado sobre el material endurecido.

A estas razones se suma la comparación con materiales de otros sitios cercanos. A partir de su trabajo en Qustul, Bruce Williams rechaza la categoría de “potmark” para las marcas incisas en este tipo de vasijas, prefiriendo llamarlas “dispositivos-etiqueta” (label-devices) [35](Williams, 1988, p. 13). Williams ha trabajado sobre un corpus extendido de cerámicas provenientes de Qustul, y provee una tabla [36](Williams, 1986, tab. 40) detallando las “etiquetas” incisas en ellas. La división que realiza es entre marcas simples y complejas, indicando que cada una de las marcas simples fue hecha antes de cocer la vasija, mientras que las complejas (que incluyen motivos figurativos y zoomorfos) son en su totalidad posteriores a la manufactura de la cerámica [36](Williams, 1986, pp. 148-149). Todo esto apunta a confirmar la hipótesis de que se trata de figuraciones producidas localmente por los nubios sobre jarras importadas del Alto Egipto. El Ashmolean Museum de Oxford conserva un interesante ejemplo proveniente del sitio de Faras (Figure 4, AN1912.1030), en el que una vasija importada de Egipto está decorada con grabados posteriores a la cocción de gran tamaño, que incluyen un elefante, dos peces y un flamenco o avestruz [37,38](Griffith, 1921, pl. III; Gait, 2011, p. 166).

En cuanto a la decoración pintada, ésta es consistente con el corpus cerámico del Grupo A de esta región [39](Reinold, 2000, p. 87), aunque los motivos pintados en la jarra de Aksha no fueron recogidos por Rampersad en su catálogo de decoraciones cerámicas nubias[40] (Rampersad, 2000). Por ello, y por el hecho de que el felino parece haber sido añadido posteriormente a la pintura, consideramos que se trata de una vasija proveniente de Egipto, pero decorada localmente en la Baja Nubia.

Figura 4.
Vasija del Ashmolean Museum AN1912.1030.

Discusión

Habiendo respondido con cierto grado de certeza a las tres cuestiones planteadas en la Introducción de este artículo, corresponde ahora discutir cuál es la significación sociocultural e histórica de una vasija importada de Egipto a Nubia, la cual fue modificada localmente para exhibir un gran felino y posteriormente inhumada junto a un difunto.

Para empezar, el leopardo es un animal que en la ideología egipcia está íntimamente relacionado con la Nubia. Así, a finales del Reino Antiguo, el nomarca Herkhuf narraba que por orden del rey Merenra encaró una expedición “al sur de Irtjet, el norte de Setjau. Encontré al gobernante de Irtjet, Setjau y Uauat [...] Descendí con trescientos burros cargados de incienso, ébano, aceite-hekenu, esencia aromática-shesat, pieles de leopardo, colmillos de elefante, palos arrojadizos y todo tipo de bellos presentes[41,42](Urk. I 126-127; Strudwick, 2005, p. 331).

Evidentemente, una expedición estatal al sur de la frontera sólo podía tener sentido si se proponía obtener cosas inhallables en el propio Egipto. En este caso, el marfil, el ébano, y las pieles de leopardo procedentes de la Nubia constituían bienes exóticos, que conferían prestigio a sus poseedores. En relación con el Reino Antiguo, Patrick Houlihan propone que la posesión de leopardos debió conferir prestigio a los reyes [43](1996, p. 91). En un tiempo muy posterior, en la decoración de la tumba de Rekhmira (TT100, Dinastía 18) se representa a un nubio que lleva de la correa a un leopardo para presentarlo como obsequio al faraón [44](Porter & Moss, 1960, p. 207). Para el período Predinástico, Van Neer y colaboradores [29](2013, p. 300) señalan que el leopardo hallado en una tumba del cementerio de élite HK6 en Hieracómpolis debió pertenecer a un líder que, gracias a la posesión de tal animal, pudo adquirir gran prestigio en vida y gozar de la protección de su tumba a su muerte. En Nubia, el leopardo aparece en artefactos de prestigio tales como el mango de maza de Sayala (Figure 5, [45]Firth, 1911, p. 18). En este sentido, como afirma Ciałowicz, “It should be emphasized that in the NaqadaIId the function of maces was distinctly changed. They ceased to be weapons and became symbols of power. At that time they must have been put into the graves of tribal chiefs.[46](1989, p. 264). En una palabra, el leopardo simbolizaba el poder y estaba asociado a Nubia. Esto hace pensar que es en el terreno de las dinámicas sociopolíticas que hay que buscar respuestas.

Figura 5.
Mango de maza de Sayala. Tomado de Firth, 1911, p. 18[45].

Aún sabemos poco del llamado Grupo A y sus relaciones con Egipto. La escasez de evidencia relacionada con la inundación por la represa de Asuán es apenas parte de las razones de este desconocimiento. Sin embargo, sí se ha puesto en evidencia la existencia de un proceso de diferenciación social que estaba en marcha en la segunda mitad del IV milenio a.C. [47](Gatto, 2020). Ciertos líderes de comunidades del llamado Grupo A posiblemente construían su prevalencia local a través de intercambiar productos que las élites del norte demandaban: incienso, marfil, oro, ébano y pieles de animales. La disponibilidad de este tipo de productos en Nubia, paradójicamente, podría haber sido a la vez una fuente de prestigio para los líderes locales y la razón por la que en última instancia las élites egipcias habrían decidido avanzar militarmente sobre esta zona, eliminando los intermediarios para acceder directamente a los productos [48](Manzo, 2022, p. 19).

A fines del IV milenio a.C., la región de la Baja Nubia comprendida entre Asuán y Qustul (ver mapa de la región, Figure 6) era considerada como una región fronteriza [49](Gatto, 2003, pp. 14-15). Esto hacía que los contactos entre las comunidades del Grupo A y las del Alto Egipto fueran frecuentes [50](Roy, 2011). Aksha en particular era un enclave estratégico ya que está ubicado en la zona donde nacen todas las rutas hacia las minas de oro [51](Török, 2009, p. 191). El acceso al oro, pero también a las rutas que allí confluían, otorgaba a quienes controlaran el territorio ciertas posibilidades para consolidar su posición sociopolítica [52](Mark, 1998).

Figura 6.
Mapa de la Baja Nubia con los sitios mencionados en este artículo. Cortesía de Ezequiel Cismondi.

A cambio de los mencionados productos locales, los líderes de la Baja Nubia recibirían bienes manufacturados egipcios, incluyendo cerámica y alimentos elaborados. Takamiya señala que las importaciones egipcias se concentraban en aquellos asentamientos en los que había élites residentes, sobre todo Qustul y Sayala [53](Takamiya, 2004, pp. 52-55). Las élites locales no solo se agenciarían bienes provenientes de Egipto para marcar su posición política, sino que también adoptarían algunos rasgos de la iconografía real egipcia [48](Manzo, 2022, p. 74). Tal adopción de rasgos iconográficos extranjeros puede comprenderse en el marco de procesos de “emulación de élite” [54](Higginbotham, 1996), en los que las élites locales asumen pautas culturales de otros centros tenidos por prestigiosos.

A nivel sociopolítico, la segunda mitad del IV milenio a.C. fue un momento decisorio para las comunidades del área. La aparición de sociedades de jefatura en el valle del Nilo y especialmente en el Alto Egipto durante Nagada I y II, dio paso a partir de Nagada IIB-C a la expansión y consolidación de la lógica estatal [55]. Se trata de dos universos categóricamente distintos, que sin embargo convivieron por siglos mientras la lógica estatal no se impuso como dominante. En Nubia, las comunidades del llamado Grupo A mantendrían su autonomía durante largo tiempo, hasta que su rastro se pierde como probable consecuencia de un accionar más violento del Estado egipcio en la región a finales de ese milenio. Hasta ese momento, las relaciones entre los gobernantes locales y los de Egipto, aún poco conocidas, no parecen haber sido de subordinación. Tanto en el caso de Egipto como en Nubia, las élites locales trataban de construir y afianzar su poder. De hecho, Jiménez Serrano sugiere la existencia de dos “proto-reinos” para la Baja Nubia de la época, centrados en Qustul y en Sayala (tal como podrían haber existido más al norte, en torno de núcleos como Hieracómpolis o Nagada), que habrían finalmente sucumbido ante el accionar militar de los centros del Alto Egipto [56](Jiménez-Serrano, 2003).

El registro material ofrece indicios acerca de estas dinámicas políticas locales y regionales. El caso de la vasija 70080 de Aksha se enmarca en un conjunto de evidencias procedentes de la Baja Nubia que apuntan a un proceso de construcción de jerarquías locales. Como hemos visto, la vasija 70080 fue modificada mediante la añadidura de la marca gráfica de un leopardo, que diferenciaba aún más a este recipiente importado de los demás y lo transformaba en un soporte material del prestigio de su poseedor.

El paralelo más directo en el registro iconográfico, no sólo en cuanto al animal en sí sino por el estilo en que está representado, es el incensario de Qustul (Figure 7, [36]Williams, 1986, p. 140), un objeto hallado en el cementerio L, en la tumba L24, la mayor dentro del sector de las tumbas más grandes y más ricas de la necrópolis [57](Seele, 1974, p. 36). De su decoración mucho se ha hablado, y la figura que nos ocupa aquí es la de un animal con orejas puntiagudas, que se encuentra dentro de un bote de proa y popa alzadas. Debajo del bote se pueden ver un pez y un arpón serrado, además de un personaje masculino con el miembro viril exagerado. Ni Kurt Seele ni Carl DeVries arriesgan llamar a la criatura en el bote algo distinto que “quadruped[57,58](Seele, 1974, p. 39; DeVries, 1976, p. 70), sin excluir la posibilidad de que se trate de un ser mitológico. Por nuestra parte, aunque carece de las características manchas, planteamos la posibilidad de que se trate de un leopardo, y en ese sentido lo emparentamos con la marca gráfica en la vasija de Aksha.

Figura 7.
Incensario de Qustul. Tomado de Williams, 1986, p. 140, Fig. 54.

Como señalamos más arriba, el mango de maza de Sayala (Figure 5), hoy perdido, contiene la representación de un leopardo junto con otros animales nativos de la Baja Nubia. También incluye el conocido motivo egipcio de un elefante parado sobre serpientes y otro gran animal feliforme, que ha sido identificado como una hiena. La similitud del felino de Aksha con el leopardo de Sayala y el animal del incensario de Qustul es notable. Podemos entonces afirmar que, en un área limitada entre la primera y la segunda catarata, en un período acotado en torno al fin del IV milenio a.C., en tres artefactos de élite hay un leopardo que ocupa el centro de la representación. No sería descabellado pensar a partir de esto que los líderes locales se identificaran con este animal poderoso, y por lo tanto utilizaran su imagen para simbolizar su propio poder. Por supuesto que el uso del leopardo como emblema de poder no era exclusivo de los líderes nubios [59](Williams, 1997), pero sí eran ellos quienes podían legítimamente reconocerse como provenientes de la tierra del leopardo.

Ya hemos mencionado la presencia de un enterramiento de leopardo en el cementerio de élite HK6 de Hieracómpolis [29](Van Neer et al., 2013). El ejemplar de Hieracómpolis, al parecer, tenía un tamaño considerable, lo cual “musthaveadded to itsvalue in terms of expressingpower, prestige and status[29](Van Neer et al., 2013, p. 299). Fue también en Hieracómpolis que James Quibell halló una interesante vasija (Figure 8, [60]Quibell, 1900, pl. XVII, fig. 2) con apéndices modelados en la forma de la cabeza de un felino. Debajo de los felinos, el ceramista añadió el signo de “país extranjero” (ḫꝪst = N25 en la lista de Gardiner), que se utilizaba para escribir el nombre de Nubia entre otros. Renée Friedman [61](2001) ha señalado la existencia de estrechos lazos entre Hieracómpolis y la Baja Nubia, atestiguados en la abundancia de cerámica del Grupo A hallada en el sitio [49](Gatto, 2003).

De igual manera, la cerámica egipcia hallada en Nubia y los numerosos objetos que imitan la cultura material y la iconografía egipcia son testimonio de la importancia que debió tener la cultura egipcia sobre todo para las élites nubias. Esto se expresa de forma elocuente en el llamado sello de Siali (Figure 9). En esta impresión de cilindro-sello se observa una figura antropomorfa sentada en una silla frente a un serekh, símbolo de la realeza egipcia temprana. La inclusión de un arco es interpretada por Bruce Williams [36](1986, p. 169) como una referencia a la “tierra del arco”, como llamaban los egipcios a Nubia. Detrás de la figura antropomorfa hay tres animales cuadrúpedos, dos de los cuales son claramente perros. El personaje está rodeado de incensarios y, en la mesa que aparece delante de él, hay un halcón, también relacionado con la realeza egipcia. A partir de esto, Maria Gatto señala que “many Egyptian iconographic elements, such as the serekh and the falcon, are here intertwined with Nubian traditional symbols, such as the cattle, and new ones, such as the incense burners[47](2020, p. 134). Está claro que la iconografía del período producida en Nubia dialogaba y referenciaba a aquella producida más al norte, probablemente como parte de un intento de los líderes locales de representarse a sí mismos al estilo de los líderes egipcios.

Figura 8.
Vasija de Hieracómpolis, con una cabeza de felino y el signo para “país extranjero”. Tomado de [60]Quibell, 1900, pl. XVII, Fig. 2.
Figura 9.
La impresión de sello de Siali. Tomada de [62]Reisner, 1910, pl. 65f.

Por último, nos gustaría destacar que el análisis y la discusión presentados aquí distan mucho de ser completos. Nos hemos abocado a la descripción y discusión de un artefacto aislado, sabiendo que la cultura material no existe en el vacío. De hecho, los documentos presentes en el Archivo Rosenvasser confirman la existencia de cinco piezas más provenientes del mismo cementerio (ACS) que la vasija 70080 y que contienen motivos zoomorfos, tres de las cuales fueron halladas en la misma tumba IX. Estas se encuentran en la actualidad distribuidas entre Lille, Jartún y La Plata, y un análisis pormenorizado de este material se encuentra en preparación. En Lille, por ejemplo, una jarra muy similar a la que nos ocupa aquí (L 0319) presenta una marca gráfica de un personaje antropomorfo sosteniendo una especie de bastón y acompañado de un bóvido, posiblemente un carnero de Berbería (Ammotragus lervia). Hemos preferido concentrarnos en el felino de la vasija de La Plata con el objetivo de señalar la importancia de examinar más detalladamente la evidencia de Aksha, ya que indica con cierta claridad la existencia de liderazgos y diferenciación social en la Baja Nubia a fines del IV milenio a.C. Si a esto le sumamos el hecho, señalado por Rosenvasser en los reportes internos, de que buena parte de los enterramientos del Grupo A fueron hallados intactos, Aksha se convierte en un interesante sitio para estudiar las dinámicas sociopolíticas en este período, tanto a nivel local como regional e interregional.

Conclusiones

Vercoutter señalaba en 1963 con respecto al cementerio ACS de Aksha que la “excavation of thiscemeteryisnotyetfinished and will be continuednextseason[6](1963, p. 138), pero publicaciones posteriores de la Misión Franco-argentina eluden toda mención a dichas excavaciones [7,63,64](Rosenvasser, 1964b; 1977; 1980). Sin embargo, el cementerio ACS sí fue excavado y registrado por la Misión. Probablemente haya sido la conjunción de un mayor interés por los hallazgos del Reino Nuevo con la falta de expertos en períodos más tempranos en el equipo, lo que decidió que las importantes evidencias del Grupo A hayan permanecido en la oscuridad por los últimos sesenta años.

Nuestro objetivo aquí fue el de poner en valor, a través de un artefacto en particular, la importancia del sitio de Aksha hacia fines del IV milenio a.C. pero también llamar la atención acerca de la importancia que el sitio ofrece a los investigadores para comprender mejor aquellos períodos. La riqueza que revela el análisis de la vasija 70080 coloca a Aksha en una posición relevante entre los sitios registrados para el IV milenio a.C., en sintonía con la información procedente de los sitios mejor difundidos y (posiblemente, por ello mismo) más relevantes de la época, como Sayala y Qustul.

La adición de un grabado en forma de leopardo a una vasija importada de Egipto, y su posterior colocación junto a otras vasijas como parte de un ajuar funerario, da pistas de un panorama sociopolítico complejo en las comunidades de la zona, a la vez que atestigua heterogéneas relaciones con las comunidades altoegipcias, que terminarían por prevalecer, probablemente de modo violento, en los años subsiguientes. Aksha aparece ahora como un sitio relevante en cuanto a la circulación interregional de bienes y la diferenciación sociopolítica en una época muy temprana, lo cual plantea la necesidad de una investigación más detallada sobre el material del Grupo A conservado en el Museo de La Plata.

Agradecimientos

Este trabajo fue posible gracias a la generosa ayuda del Museo de La Plata. Agradecemos a Mariano Bonomo por permitirnos el acceso a las piezas. A la vez, el Palais des Beaux Arts de Lille nos permitió, gracias a la amabilidad de Frédéric Mougenot, acceder a la colección de Aksha conservada allí. Celia Weimer, directora de la Biblioteca de la Academia Argentina de Letras, nos facilitó el acceso a los papeles de Aksha de Rosenvasser. Rocío Torino tomó las muestras de la vasija 70080 en el Museo de La Plata, así como fotografías de la misma, y María de los Milagros Colobig, del Laboratorio de Arqueología del CICYTTP-CONICET hizo los análisis de microfósiles botánicos en tales muestras. Ezequiel Cismondi elaboró los mapas que utilizamos en este artículo.

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  • Biografía del autor/a

    • Marcelo Campagno, Universidad de Buenos Aires, Argentina
      Marcelo Campagno es titular de la cátedra de Historia Antigua I (Oriente) en la Universidad de Buenos Aires, director del Instituto de Historia Antigua Oriental "Dr. Abraham Rosenvasser" (FFyL - UBA) e investigador principal del CONICET.

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    Publicado

    2026-06-17

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    Todos los datos utilizados se encuentran en la publicación. El informe de paleobotánica de la Dra. Colobig se puede solicitar por correo electrónico a los autores.

    Número

    Sección

    Artículos

    Cómo citar

    Campagno, M., & Maydana, S. F. (2026). Iconografía de élite en la Baja Nubia. Un felino grabado en cerámica del Grupo A hallada en Aksha. Revista del Museo de La Plata, 11(1). https://doi.org/10.24215/25456377e237